dimecres, 21 de març de 2012

Día mundial de la poesía




Cada poema es único. en cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. cada lector busca algo en el poema. y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro. (Octavio Paz)


Hoy es el día mundial de la poesía. He intentado seleccionar una en especial para este día. No he podido. Las que descartase para quedarme con una sola vendrían luego a reclamarme su protagonismo. Sería injusto.

Sí un recuedo en este rincón a todos los poetas que han desfilado por aquí. A todos y cada uno de los que han sabido crear un mundo en el que refugiarse.

 Alfonsina Storni
 Ana Ajmatova
 Ana María Rodas
 Ángel González
 Ángela Figuera Aymerich
 Anna Maria Moix
 Antonin Artaud
 Antonio Delgado

 Antonio Machado
 Arthur Rimbaud
 Blanca Wiethuchter
 Blas de Otero
 Carles Barral
 Carlos Edmundo de Ory
 Cesar Pavese
 César Vallejo
 Chantal Maillard
 Claudio Rodríguez


 Dante Alighieri
 Delmira Agustini
 Dionisio Ridruejo
 Eduardo Galeano
 Eduardo Lizalde
 Eladio Cabañero
 Emilio Prados
Federico García Lorca
 Félix Grande
 Florentino Huerga
 Francisco de Quevedo
 Gabriel Celaya

 
George Moustaki
 Gioconda Belli
 Gloria Fuertes
 Ingeborg Bachamann
 Jaime Gil de Biedma
 Jaime Sabines
Jesús Aguado
 
Joan Manuel Serrat
 Joan Margarit
 Joan Salvat Papasseit
 Jonio González
 Jorge Guillén
 Jorge Luis Borges
 Jorge Riechmann
 José Agustín Goytisolo
 José Ángel Valente
 José de Zorrilla
 José Hierro
 José Manuel Caballero Bonald
 Juan Eduardo Cirlot
 Juan Gelman
 Juan Luis Panero
 Julia Uceda
 Julio Cortázar

Julio Rodríguez
Konstantino Kavafis
 León Felipe
 Leonard Cohen
 Lina Zerón
 Lindsay Kemp

 Luis Cernuda
Luis Eduardo Aute
 Luis García Montero
 Luisa Futoransky
 Manuel Altolaguirre
 Manuel Vázquez Montalbán
 María Elena Walsh
 María Zambrano
 Mario Benedetti
 Max Aub
 Meira Delmar
 Miguel de Unamuno
 Miguel Hernández
 Miquel Martí i Pol
 Nicanor Parra
 Nicolás Guillén
 Octavio Paz
 Oliverio Girondo
 Pablo Neruda
 Paul Éluard
 Pedro Salinas
 Rafael Alberti
 Rainer Maria Rilke
Ramón María del Valle-Inclán
 René Char
 Rubén Darío
Rubén García Cebollero
 Stéphan Mallarmé
 Tomás Segovia


Vicente Aleixandre
 Walt Whitman
Wislawa Szymborska



Llamo a los poetas


Miguel Hernández. España, 1939.
De El hombre acecha.


Entre todos vosotros, con Vicente Aleixandre
y con Pablo Neruda tomo silla en la tierra:
tal vez porque he sentido su corazón cercano
cerca de mí, casi rozando el mío.

Con ellos me he sentido más arraigado y hondo,
y además menos solo. Ya vosotros sabéis
lo solo que yo voy, por qué voy yo tan solo.
Andando voy, tan solos yo y mi sombra.

Alberti, Altolaguirre, Cernuda, Prados, Garfias,
Machado, Juan Ramón, León Felipe, Aparicio,
Oliver, Plaja, hablemos de aquello a que aspiramos:
por lo que enloquecemos lentamente.

Hablemos del trabajo, del amor sobre todo,
donde la telaraña y el alacrán no habitan.
Hoy quiero abandonarme tratando con vosotros
de la buena semilla de la tierra.

Dejemos el museo, la biblioteca, el aula
sin emoción, sin tierra, glacial, para otro tiempo.
Ya sé que en esos sitios tiritará mañana
mi corazón helado en varios tomos.

Quitémonos el pavo real y suficiente,
la palabra con toga, la pantera de acechos.
Vamos a hablar del día, de la emoción del día.
Abandonemos la solemnidad.

Así: sin esa barba postiza, ni esa cita
que la insolencia pone bajo nuestra nariz,
hablaremos unidos, comprendidos, sentados,
de las cosas del mundo frente al hombre.
Así descenderemos de nuestro pedestal,
de nuestra pobre estatua. Y a cantar entraremos
a una bodega, a un pecho, o al fondo de la tierra,
sin el brillo del lente polvoriento.

Ahí está Federico: sentémonos al pie
de su herida, debajo del chorro asesinado,
que quiero contener como si fuera mío,
y salta, y no se acalla entre las fuentes.

Siempre fuimos nosotros sembradores de sangre.
Por eso nos sentimos semejantes del trigo.
No reposamos nunca, y eso es lo que hace el sol,
y la familia del enamorado.

Siendo de esa familia, somos la sal del aire.
Tan sensibles al clima como la misma sal,
una racha de otoño nos deja moribundos
sobre la huella de los sepultados.

Eso sí: somos algo. Nuestros cinco sentidos
en todo arraigan, piden posesión y locura.
Agredimos al tiempo con la feliz cigarra,
con el terrestre sueño que alentamos.

Hablemos, Federico, Vicente, Pablo, Antonio,
Luis, Juan Ramón, Emilio, Manolo, Rafael,
Arturo, Pedro, Juan, Antonio, León Felipe.
Hablemos sobre el vino y la cosecha.

Si queréis, nadaremos antes en esa alberca,
en ese mar que anhela transparentar los cuerpos.
Veré si hablamos luego con la verdad del agua,
que aclara el labio de los que han mentido.



Gracias a todos los que están y a los que estarán sin duda a medida que vaya necesitando de sus palabras.

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