dilluns, 9 de gener de 2012

Solidaridad a golpe de click



He reparado esta mañana en el contador de visitas del blog y me ha asustado -en principio- ver la cantidad de veces que ha sido visto. Después, divagando mentalmente sobre otras cosas que me han llamado la atención en las redes, he vuelto de la inopia y veo que lo más probable -todo un alivio- es que ese contador se dispare cientos de veces con cientos de dedos distraidos que dispararán un click al azar y no leerán ni siquiera una entrada de las que voy almacenando en este mi cajón de sastre.
Mis divagaciones sobre la red -buen nombre para algo tan heterogéneo. Se deberá más al modo en que cual telaraña se extiende y relaciona o a la manera en que atrapa a todo el que se adentra en ella?-, mis divagaciones, decía antes de perderme divagando sobre divagaciones, venían por algo en lo que siempre pienso y siempre me molesta cuando paseo muros o leo tweets -propios y ajenos-. Esta vez ha sido viendo una fotografía escalofriante que varios amigos -cuya inteligencia y sensibilidad están fuera de toda duda- han colgado en sus espacios virtuales. La imagen es de las que intentan herir esa sensibilidad tantas veces dormida y viene acompañada de la siguiente frase: SI ESTÁS EN CONTRA DEL HAMBRE Y LA DESNUTRICIÓN MUNDIAL HAZ CLICK EN COMPARTIR. Y todos corremos a darle al click haciendo circular esa nueva cadena, porque... hay alguien que no esté en contra? Alguien dejaría de realizar ese movimiento de dedo que nos piden? No cuesta nada y si con eso... Y ahí le duele. No cuesta nada, calmar nuestras conciencias está al alcance de un click. Incluso a veces nos estiramos un poquito más y hacemos una donación que quizá si tuvieramos que desplazarnos para hacerla llegar... ya nos pensaríamos un poco más. Pero no nos cuesta nada un click. Presionar a gobiernos o escribir peticiones ya cuesta un poquito más, pero... sí, algunos lo hacemos elevando así un pelín nuestro listón calmaconciencias.
Y nuevamente, ahí le duele. Es muy fácil hoy día ser solidario... no? Quizá por eso no nos paramos a pensar en la labor y el riesgo que para otros implica esa palabra. Para que a nosotros nos sea tan sencillo ese click, cientos de personas desplazan algo más que un ratón sobre la mesa, prescinden de mucho y ponen su vida en peligro.
En fin, no son más que divagaciones que muy poca gente leerá -qué alivio- por mucho que el contador vaya sumando visitas.

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