dimarts, 29 de març de 2011

Miserias monetarias (2)

Bueno, al final no ha sido tan grave. Esta chica es una joya y siempre hace un poco más fácil lo difícil. Y el sablazo... lo iremos repartiendo para que el mazazo no deje el presupuesto del mes temblando.
He aprovechado el resto de la tarde para callejear por la ciudad. Barcelona me enamora en estos días luminosos. Tiene una luz especial, mezcla del sol mediterráneo y las brumas norteñas. Es una luz húmeda, como es húmedo su olor. Me gusta pasearla sola, cámara en mano, sin prisas.  Con ojos de visitante y complicidad de vieja amiga. Pasar del bullicio de Portaferrissa al silencio monacal de Sant Felip Neri, del azul de Catalunya al gris de Montcada. Con el eco del mar siempre de fondo y ese olor indefinible, mezcla de sal y humedades. Y disfrutar de la caricia del sol primaveral en la terraza del Zurich o de la lectura en la intimidad dels Quatre Gats.
Una tarde agradable a pesar de todo. Barcelona bien vale una visita al dentista.























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