pero ahora que no me llame nadie, que no quepo en la voz de nadie, que no
me llamen, porque estoy bajando al fondo de mi pequeñez, a la raíz
complacida de mi sombra, porque ahora estoy bajando al agónico tacto de un
minero, con su media flor al hombro, y una gran letra de te quiero al
cinto. Y bajo más, a las inmediaciones del aire que aligerado espera
las letras de su nombre para nacer perfecto y habitable. ...
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