dijous, 21 d’abril del 2011

DE VEZ EN CUANDO...

Un pequeño detalle tiene, en ocasiones, el poder de devolvernos la sonrisa.

dimarts, 19 d’abril del 2011





CRISIS

Dies de lectura. Dies de recerca. Dies de dubtes. Dies de reflexions. Dies de sol exterior. Dies de lluna interior. Dies meus. Dies de no deixar entrar ningú. Dies llargs. Dies de nits llargues. Dies d'angoixa. Dies de serena revolta. Dies de revolucionada serenitat. Dies...

dimarts, 29 de març del 2011

Cel rogent

Cel rogent, pluja o vent... deia la iaia. Fa un matí ventós. Les fulles de la palmera quasi toquen la meva finestra. Les branques de l'atmeller i del cirerer es gronxen d'un costat a l'altre i escampen les flors per tot arreu; fruita perduda que es converteix en una estora blanca sobre l'herba.
Tinc el cap com el dia... ventós. Amb els pensaments amunt i avall sense acabar de florir. Les gosses borden i les flors segueixen caient. Potser s'ompli el meu cap de flors de cirerer i acabi amb la ment en blanc.

Miserias monetarias (2)

Bueno, al final no ha sido tan grave. Esta chica es una joya y siempre hace un poco más fácil lo difícil. Y el sablazo... lo iremos repartiendo para que el mazazo no deje el presupuesto del mes temblando.
He aprovechado el resto de la tarde para callejear por la ciudad. Barcelona me enamora en estos días luminosos. Tiene una luz especial, mezcla del sol mediterráneo y las brumas norteñas. Es una luz húmeda, como es húmedo su olor. Me gusta pasearla sola, cámara en mano, sin prisas.  Con ojos de visitante y complicidad de vieja amiga. Pasar del bullicio de Portaferrissa al silencio monacal de Sant Felip Neri, del azul de Catalunya al gris de Montcada. Con el eco del mar siempre de fondo y ese olor indefinible, mezcla de sal y humedades. Y disfrutar de la caricia del sol primaveral en la terraza del Zurich o de la lectura en la intimidad dels Quatre Gats.
Una tarde agradable a pesar de todo. Barcelona bien vale una visita al dentista.























dilluns, 28 de març del 2011

Miserias monetarias

Llevo ya diez o doce entradas a mi cuenta bancaria en lo que va de mañana. Y no, aún no me han ingresado la nómina. Qué agotador es vivir siempre pendiente del vil metal. Eso no les pasa a los que disponen de él, pero es lo que nos toca a los que nunca lo vemos. Porque es evidente para cualquiera que no puedo demorar más la visita al dentista; para que me haga un apaño -no nos engañemos-; probablemente pasemos a la dentadura de mesita de noche, pero claro... los implantes son tan caros. Así que... acojonada por el dolor físico y por el económico. Y con cargo de conciencia porque la boca de Antonio necesita también un arreglo urgente, porque Paula debería sacarse el carnet de conducir o matricularse en algúna escuela de cine el próximo año, porque Helena necesita gafas nuevas, porque...
En fin, preparada para enfrentarme a mi dentista esta tarde. O no...